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domingo, 31 de octubre de 2010

Te querría como crayola.

I
Y cuando me hablaste de tu posible muerte, de aquella muerte terrible y futura, algo dentro de mí se rompió. Fue como una piedra chocando contra un cristal, y entonces el sonido que surge se transforma en un hueco que permanece hasta ahora en lo más profundo de mi ser.
Fue entonces cuando quise que te transformaras en alguna forma eterna, pues así tendrías vida para siempre y no habría necesidad de preocuparse por nada. Sobrevivirías al tiempo y espacio; permanecerías suspendida de todo, incluso de mí. Pero eso me bastaba pues era mejor que perderte y saber que formarías parte de la tierra.
Todo se reducía a eso. Sin embargo, con forme la idea fue adquiriendo concretización, yo ya no quería que fueras cualquier forma; no, ahora sólo quería, deseaba y anhelaba que fueras una crayola morada; sí, morada porque es un buen color. No amarilla, no roja, no verde. Odio el verde. Empezaba a materializarte como esa barrita grasa de color gracioso. Delicada, fina y siempre fresca. Entonces pintaría contigo grandes imágenes de tu color, te pintaría a ti. Pero y si te acababas, de nada habría valido la pena haber pedido que fueras esa crayola.
Tendría que deshacer la idea. Eso me parecía lo más correcto. Pero por qué te cambiaría; ningún otro objeto me parecía el indicado para mis locos fines. Qué chiste tendría que fueras una roca, de que servirías, serías una más entre muchas tantas, y yo no quiero eso; además de que las rocas no adquieren un valor poético son toscas, muy toscas, y tú no eres así. Tendría que seguir pensándote como una crayola, pero una de duración infinita. Así no tendría que preocuparme en que si te acababas o no.
Durante años mantuve esa idea de querer que fueras una crayola, y tanto lo pensaba que gastaba todo mi tiempo en ello, tiempo que en mínimo y pequeñas porciones te lo dedicaba a ti. Ahora en todo esto encuentro arrepentimiento: pensar en que fueras o no. En eso había ocupado ya mi pobre existencia cuando me di cuenta que ya estabas muerta. De alguna forma te encuentras descansando el sueño que los mortales pedimos.
Y nuevamente me encuentro solo. Me contento con el recuerdo de la única persona que entendió y aceptó mi vida de artista y loco. Pero no retengo su imagen humana; no, existe en mí como aquella crayola en la que quise que se transformara.
II
Y me doy cuenta, aquello que permanece en mí no es otra cosa más que la conceptualización de lo que es una crayola infinita; crayola que nunca se gastará, crayola que me permitirá pintar millones y millones de morados bocetos y dibujos.
Y también me percato que ella nunca murió , sino que habitó en mí, en mi mente.
Aquella crayola que quise que fuera una y otra vez me pinta tu imagen, tu voz, tus sabores y aromas.
José "Saiset" González.
Caballero de la Sacra Orden de la Letra Púrpura.
Cuento escrito el día 28 de octubre de 2010.
Derechos reservados.

martes, 26 de octubre de 2010

sábado, 23 de octubre de 2010

Cuento de una clase

Y ahora más que nunca, se comprobaba todo, definitivamente me daba cuenta del terror y odio que siembra en mí esa personaja telenovelesca. Sentada al frente, emitiendo una voz irritante, que acompañada de su gestualización ridícula, estaba ella. Pues qué se cree, utiliza un gran número de palabras que me son desquisiantes. Sus ojos siempre fijos, pareciera que quisiera devorarse con ellos a su emisor-receptor. Como odio esos ojos; ni que decir de su sonrisa, es como... es como -no tengo la expresión precisa para calificarla, pero decidme ¿quien será capaz de hacerlo? Aún no nace el ser que lo haga.
Es entonces cuando pensaba en muchas cosas, pero una de ellas se reducía a un implacable ¡cállate, callate! Si supieras cuanto me haces enojar cuando enuncias tus feas, bombochas y deformes palabras. Deberían de castigarse, y con pena de muerte, por descomponer la armoniosidad del sonido, y quizá no te das cuenta de ello debido a tu grave problema de egocentrismo.
¡Cállate, cállate con un carajo! Acaso no entiendes el significado de mis pensamientos; acaso no sabes leer la inmovilidad de mis labios que se retuercen pálidos, mis labios que se quieren abrir para dejar escapar una asquerosa palabra que te tomará del cuello y te extrangulará. Es así como daré fin a tus ojos de mirada intelectual o, mejor dicho, de pseudointelectual. Y me pregunto, ¿porqué Dios lanzó a seres como tú?, si no los quiere en su espacio equilibrado, pues, solución fácil, que deje de hacerlos. Hasta allí, con la presencia de ella, nos da muestra de que su amor ahora se convierte en un odio infinito.
Cuento escrito el día 22 de octubre de 2010
José "Saiset" González.
Caballero de la Sacra Orden de la Letra Púrpura.
Derechos Reservados

Los espacios vacios

Heme aquí, perdido entre las líneas de espacios totalmente ajenos a mí. Todo se ha vuelto un orden ascendente y yo, sin hacer nada, sólo espero lo que nunca llega.

José "Saiset" González.
Caballero de la Sacra Orden de la Letra Púrpura.
Obra plástica: Los espacios vacios.
Técnica: Pastel, goma arabiga 1.50m x .80m
Derechos reservados

miércoles, 22 de septiembre de 2010

tercer poema a lo que nunca fue

Quisera envolverte entre mis pupilas
y encontrarte:
besarte las manos desnudas
de adentro hacia afuera,
besarte en los labios
todos los viernes lluviosos
y así transformarte de la nada
a mi todo.

Formar parte de tu caos,
ser un pensamiento
que aguarda ser recordado.

Volverme instante, quisiera,
de un tiempo inmaculado;
guardarme en tus lunares
os pido al cielo
y ver loque ves,
mas no volverme suspiro
es lo que ruego.

Tocar tu delicadeza, añoro,
ser complice de tus ojos pequeños
y ser un roce eterno en tu cintura
de linda dama perfeccionada.
Ser presa de tus encantos:
de tu pelo, de tus dedos, de tus labios

Poema escrito el día 16 de septiembre de 2010
José "Saiset" González, Caballero de la Sacra Orden de la Letra Púrpura
Derechos reservados

lunes, 13 de septiembre de 2010

Segundo poema para lo que nunca fue

Todos necesitamos de algo:
de vida, de tiempo,
de las cosas mínimas
que dan a la existencia
la grandiosidad de los Dioses
y la misericordia de los hombres.
Si ver deshojarse el espejo
es adentrase a uno mismo,
hay que romper con la dureza del corazón:
con un martillo,
con la palma llamarada,
con una palabra,
con la caricia de una bella dama.
Poema escrito el 6 de septiembre de 2010
José "Saiset" González
Caballero de la Sacra Orden de la Letra Púrpura
Derechos reservados

Primer poema a quien nunca será

He de gastar todas mis palabras
en un abrazo sutil de sonidos;
mi leve suspiro
se transformará de la hoja al papiro
para dar paso
a un cálido beso
que ha guardarse en tus labios dormidos.
Mis manos se dejarán ser presas
de tus delicados dedos:
de tu fragilidad femenina
de la que tanto me he enamorado
con el leve paso del tiempo.
Serán mi cárcel diez milagros,
diez perfectas trampas de piel.
Hemos de quedarnos
atados a las muñecas
para deborarnos el silencio
en un abrazo ahogado.
Me acabaría tiempo y espacio
en un "te quiero a mi lado",
más no sería bastante
esta vida y otra
para darte mi amor de universo
contenido en una canción, en un poema...
en un infinito verso.
Quédate como la luz en la llama,
quédate como el aire en el mundo,
como mi alma en el cuerpo,
como todo espacio lleno.
Quédate... es mi único deseo
poema escrito el 4 de septiembre de 2010
José "Saiset" González.
Caballero de la Sacra Orden de la Letra Púrpura
Derechos reservados