Bienvenidos todos sean. Después de entrar ya no hay que mirar hacia atras.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo

¿Dónde ubicaste los colores estelares?
AQVM había lanzado la pregunta a una entidad desconocida, imperceptible y etérea. La verdad es que ni él mismo tenía consciencia de lo que había preguntado. Sus ojos empezaban a desfigurarse, iban y venían. Su rostro todo se contraía a cada paso que daba para la ascensión de aquella escalera cósmica.
¿Tendré espacio?
Nada había sido tan absurdo como ahora; cada acción se repetía una y otra vez. Se tomaba el cabello con ambas manos y tiraba de él hasta que lograba arrancarse un gran mechón. Y de momento, sin orden aparente, daba inicio a una serie de gritos tremendos. Él, que hasta aquel punto había permanecido observando desde su más etéreo y desconocido espacio fijo sobre su tiempo, se limitaba a contestarle. Sólo permanecía allí, protegiendo aquel borde de locos.
¿Quién unifica intensamente estas rocas ominosas?
Hoy es miércoles –dijo Él–. Todos sabemos que hoy es miércoles, ayer pudo haber sido invierno, sin embargo continuó siendo de noche. La noche es una piedra que se pierde tan pronto como nos hacemos conscientes de su geometría. Hoy es miércoles, un miércoles que avanza a mano armada. Es uno de esos días que llegan y se plantan, crecen, se expanden; surgen con la destrucción de lo que antes eran los martes. Las aves emigran de cabeza porque lo saben… yo lo sé.
Todo empezaba a adquirir no-sentido. AQVM se tumbaba al suelo, se revolcaba, emitía sonidos de animales, se desgarraba la piel al tiempo que gritaba hoy es miércoles, dios, hoy es miércoles. Sobre su cabeza comenzaban a correr ciento once autos, cada uno de colores distintos, cada uno irrepetible e innombrable. Recordó a un par de perros pequeños: uno negro y el otro blanco: ajedrez. El siempre quería jugar a caballo, siempre quería avanzar a su propia contra. De vez en cuando gustaba de observar el paso lento de las tortugas.
AQVM pisó mal un peldaño, cayó, paró cerca de una fractura espacial. Estaba mareado. Él empezó a materializarse en octubre. AQVM sabía que era veintidós de noviembre: el segundo mes. En su mente estaba la música de Lennon. Algunos ruidos de máquinas invisibles le cortaban la voz.
Mira, un camino hueco, Oscar.
AQVM lo dijo a sapiencia de que allí no estaban más que él y Él. Allí, en aquella caja, suspendidos de toda palabra y modelo armable. Las cosas empezaban a adquirir un aire extraño, tremebundo. Quería abrir los ojos y salir corriendo a cualquier sitio fuera de esas escaleras y formas esféricas.
Surgieron peces del suelo, colores, líneas y puntos. Se armaba un universo. AQVM no se daba cuenta que estaba siendo absorbido, que en poco tiempo sus partículas se conformarían en una armonía indecible, no-audible más que para Él.
Dios, hoy es miércoles y siento que llevo aquí toda una vida.
La luz, que hasta ese entonces había permanecido poco luminosa, empezaba a extinguirse. Él seguía allí, en su espacio. Se apagó. Oscuridad. Entre toda aquella penumbra la voz de AQVM seguía:
¿Dónde ubicaste los colores estelares?… ¿Tendré espacio?… ¿Quién unifica intensamente estas rocas ominosas?… Mira, un camino hueco, Oscar… ¿Dónde ubicaste los colores estelares?… ¿Dónde ubicaste los colores estelares?…
Luego fue silencio. El silencio que antecede a la creación.




Cuento escrito el día 17 de noviembre de 2011

José J. González

Derechos reservados.

domingo, 13 de noviembre de 2011

El viaje



Bring us a goat… and we´ll show you the way… straight through the realm the fallen and slain
(Anna Varney)


Para Dulce Thalía

Tres semanas después de su partida, no tuve más remedio que seguirla; su ausencia consumía lentamente las horas de mi existencia, provocando que en mi fastidio por continuar solo, la buscara en toda flor, nube y roca. Sucedía que de vez en cuando la veía caminar lejos de mí, entonces yo trataba de alcanzarla, y cuando lograba estar casi muy cerca me daba cuenta que no era ella, que era alguien más, pero no ella. Vagamente se manifestaba en los lugares que concurríamos. Por las tardes yo siempre permanecía atento a la puerta de nuestra casa en espera de que tocara el timbre y, de esa forma, salir corriendo a su encuentro, abrazarla y pedirle que nunca más se alejara.

Sólo me bastaron tres semanas para darme cuenta que la necesitaba más de lo que creía, que su presencia me era indispensable; ella no podría estar muy lejos, aún tenía la posibilidad de encontrarla si me apuraba a seguirla. Me alegraba la idea de volverla a ver. Mis padres poco a poco empezaron a notar mi ausencia: estaba sin estar. Me iba preparando para aquel día. Una vez iniciada la acción no hay vuelta atrás, me decía. Por las noches evocaba su nombre infinidad de veces creyendo que los vientos estelares me traerían una respuesta. Dormía con el deseo de encontrarla cerca o lejos.

Y sucedió, mi viaje empezó un miércoles y, a decir verdad, no sé cuándo llegará a terminar. A diario camino por sendas que me son desconocidas, a veces subo algunas escaleras que parecieran no tener fin, me enfrento con animales hambrientos de carne que salen al ataque. Grito por todos lados su nombre y muy pocas veces alguien a lo lejos me contesta en una voz inentendible. He perdido la noción del tiempo; siento que camino por días completos, pero nunca llego a divisar en el cielo la imagen del sol; otras veces más me quedo mucho rato en un lugar y simplemente duermo horas imprecisas. Sin embargo, y a pesar de todo, yo la sigo buscando, sé que se encuentra por allí, aunque un susurro interno me repita una y otra vez que desde el inicio tomé el camino incorrecto.





Cuento escrito el día 11 de octubre


José Saiset González


Derechos reservados

lunes, 10 de octubre de 2011

Poema III

Para Dulce Thalía

Robaré un universo del único que existe
y que guarda millones en sí,
cada uno contenido en otro
y tal vez en ninguno contenido para sí.

Robaré un universo y lo mostraré ante ti,
para que lo tengas contenido,
para que nunca emigre
y forme parte en un Sí.

Cuando lo haya hurtado
y escondido en mi bolsillo esté
cambiaré de lugar
y animal seré.

Cuando bestia sea, mas bestia sapiensal
combierta-me
organizaré los colores, formas y cosmos
que me permitan crecer.

Robaré un universo y lo pondré a tus pies
para que lo tengas contenido,
para que nunca emigre
y te forme en un Sí.

Cuando aquel universo te sea propio
y en la estructura de la palabra
encuentres su origen
dejalo ir,
porque el universo ya te pertenece
y contigo quiere ir.

Poema escrito el día 7 de octubre de 2011
Derechos reservados

martes, 21 de junio de 2011